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Jardines exuberantes… de bajo riego

Jardines exuberantes… de bajo riego

  • 14
  • Oct

¿Se puede conseguir un jardín frondoso, lleno de verdor y dinamismo, con un bajo consumo de agua? La pregunta parece apuntar a lo imposible en un país de lluvias poco abundantes en general y prácticamente ausentes durante el tórrido verano en la mayor parte del territorio. Y sin embargo hoy existe una jardinería en la senda de las corrientes más punteras que demuestra que sí se puede.

Mi intención es conseguir que mi jardín particular solo necesite ser regado siete u ocho veces al año. Y no estoy hablando de un jardín de cactus o xerófitas”, afirma el paisajista Miguel Urquijo. Ese jardín en ciernes no está en la cornisa Cantábrica bendecida por las lluvias y la humedad ambiental, sino en los alrededores de Madrid. Su experiencia avala este propósito: ya ha conseguido jardines de bajo consumo de agua en otros escenarios desafiantes por sus temperaturas extremas y sequedad, como Consuegra, en Toledo, o el propio Madrid. Poco riego y, sin embargo, plantaciones pictóricas, ricas en color y variedad estacional, al hilo de las corrientes más punteras del paisajismo actual (en Verde es Vida nº76, páginas 16-19, entrevistamos al paisajista holandés Piet Oudolf, gran impulsor de las plantaciones naturalistas).

Las plantas han de ser adecuadas para la zona y tan resistentes a la sequía a como obligue el agua disponible, características que cumple la flora mediterránea.

“Cuando empecé como paisajista se hablaba del jardín inglés como un ideal inalcanzable en España. Nuestro duro clima parecía limitarnos a una pequeña gama de arbustos y vivaces y poco más. Este clima hacía impensable poder lograr algo similar”, comenta el paisajista Fernando Martos. Su jardín experimental en Estepa, Sevilla, es la demostración de que investigando con las plantas, probando variedades capaces de soportar el calor extremo y la sequedad ambiental, también se puede conseguir verdor y exuberancia. “Ese jardín enseña que con plantas autóctonas y de distintos climas mediterráneos es posible lograr algo a la altura de los jardines ingleses haciendo riegos profundos en verano una vez cada 7-10 días. Esto demuestra que podemos hacer lo que queramos”, sostiene.

El agua como punto de partida

Partir de la realidad de la escasez de agua es obligado en un país como España, condicionado en la mayor parte del territorio por un régimen de lluvias poco abundante y con una marcada estacionalidad. “Se pueden hacer jardines con menos o sin riego, pero serían más grises”, admite Martos. El verdor y el aspecto saludable de estos jardines requiere su cuota de agua: “Siempre algo se riega; el jardín seco no existe, salvo los xerojardines californianos, basados en el uso de crasas, aloes y plantas duras”, puntualiza Miguel Urquijo. “Por ello, antes de plantearme qué voy a plantar necesito saber de cuánta agua voy a poder disponer. Es de sentido común: un jardín ha de ser respetuoso con su entorno y debemos ser rigurosos con la selección de plantas”. Ahora bien, aunque la etiqueta de las plantas diga drought resistant eso no significa que puedan vivir desde el inicio con poca agua. “El primer año hay que regar mucho para que arraiguen”, dice Urquijo. Una vez establecidas, los riegos en verano pueden espaciarse siempre que sean profundos.

Expertos en plantas mediterráneas como el viverista Olivier Filippi, autor del libro El jardín sin riego, aseguran que una vez que han arraigado ya no necesitan ser regadas ni siquiera en verano. Bien es verdad que su experiencia se centra especialmente en la Provenza, un clima mediterráneo más benigno, atemperado por la cercanía del mar. “La humedad ambiental ayuda muchísimo. En el centro de España, aparte de que puede no llover durante muchos meses, el viento sumado al calor se convierte en una especie de secador que deshidrata mucho las plantas”, explica Martos. “Podrían soportar la falta de agua, pero el aspecto no sería el adecuado para un jardín. No se trata solo de que las plantas sobrevivan, sino que el jardín sea eso: un jardín, un oasis”.

POR QUÉ PLANTAR EN OTOÑO

Las plantas mediterráneas aprovechan el otoño y el invierno para desarrollarse, de modo que plantarlas en septiembre significa darles la posibilidad de arraigar con las lluvias de esa época del año y llegar al verano en mejores condiciones para afrontar la sequía. Un riego generoso en el momento de plantarlas contribuirá a que el cepellón tome buen contacto con el sustrato y desaparezcan las bolsas de aire. A continuación, los riegos deben efectuarse una vez al mes en los meses más fríos y cada dos o tres semanas en los cálidos. “Aunque no parezca que están creciendo durante el invierno, estarán desarrollando su sistema radicular”, explica el experto en plantas mediterráneas Olivier Filippi en su web www.jardin-sec.com. Si la plantación de realiza a finales del invierno o en primavera será necesario vigilar más estrechamente el riego durante los meses siguientes; “la frecuencia deberá aumentar aproximadamente a un riego profundo por semana durante el primer verano”, recomienda. Aconseja plantar al final del invierno las especies de rusticidad limitada para la zona, de forma que tengan tiempo de arraigar y endurecerse antes de los primeros fríos.

La precisión en la selección de especies es la otra cara de este desafío. “Tenemos que usar lo que nos ofrece el entorno”, señala Miguel Urquijo. En un jardín que diseñó en Monfragüe, Cáceres, en una dehesa atemperada por el paso del Tajo, ya crecían chumberas, y se animó con las pitas, milamores blancos y rojos, sédums, Dianthus, lentiscos, Stachys bizantina… “Les dimos muy buena tierra, buen mantillo, mucho estiércol, clave para mejorar la estructura del suelo y conseguir un mejor aprovechamiento del riego.

Las plantas han de ser adecuadas para la zona y tan resistentes a la sequía a como obligue el agua disponible, características que cumple la flora mediterránea: unas 25.000 especies, que se triplican si se tienen en cuenta las que provienen de los otros climas mediterráneos del mundo. Eso sí, en la meseta necesitan algo más: rusticidad, es decir, capacidad para soportar temperaturas bajo cero.

De Sevilla a Guadalajara

Cuarenta y cinco grados en verano y -4º o -5º en invierno soporta el jardín experimental de Fernando Martos en Estepa. Y, sin embargo, los Allium, una gran variedad de salvias, vivaces autóctonas como el Echium boissieri, obtenido de semillas recogidas en los alrededores, Verbascum, jaras y rosales autóctonos, verbenas, Asphodelum, milamores, sédums, achilleas, lirios… aguantan perfectamente el calor y la falta de lluvias en una eterna primavera. Entre los árboles, olmos negros, pinos carrascos, granados, higueras, olivos. “En ese jardín no pienso mucho en la composición sino en la botánica: me interesa ver cómo responden las plantas, cuánto cuidado necesitan”, explica el paisajista.

A partir de esa experiencia ha creado un espléndido jardín en el límite entre Madrid y Guadalajara. “Está en una loma, en una zona muy dura, de terrenos muy pedregosos y arcillosos, con solo una capa fina de tierra buena, y ha resultado maravilloso”, comenta. “Utilicé varios tipos de jaras muy recortadas para dar estructura, Stipa gigantea Stipa tenuissima para aprovechar el constante viento sur y el efecto del sol sobre las espigas al atardecer, que se mueven como olas… La idea era no solo que estuviera bonito en primavera sino a lo largo del año, buscando una sucesión de floraciones. En mayo es fácil que se vea exuberante, lo más difícil con las vivaces es que se mantengan bien a partir de junio… Pero incluso en agosto, con 40º y un viento tremendo, se ve primaveral. Un riego semanal o cada 10 días en verano es suficiente”.

En estos jardines, los setos no son de boj sino de filirea u olivilla, arrayán (como en La Alhambra), eugenia, lentisco, laurel, aromáticas como la lavanda y el romero, o una caducifolia como el espino blanco. ¿Césped? “No estoy en contra si es reducido”, afirma Martos. Existen no obstante especies más adaptadas al clima mediterráneo, numerosas tapizantes y, por supuesto, el recurso de las gravas.

¿Cómo se debe regar?

No por ser una tarea habitual en la jardinería el riego se realiza correctamente. Se suele pecar sobre todo por exceso, lo cual puede ser incluso más perjudicial que dejar que las plantas pasen un poco de sed. He aquí las pautas de un riego eficiente para un jardín saludable:

• Elige las horas más adecuadas. Durante las épocas más calientes del año se debe regar por la noche o a primera hora del día para que el agua no se pierda por evaporación. Además, así se evita quemar las plantas por el efecto lupa de los rayos de sol sobre las gotas. En invierno conviene regar por la mañana. “Si el día está nublado, la disposición de las plantas a recibir el agua será mayor que si están estresadas por efecto del calor y el sol”, afirma Miguel Urquijo.

• Ten en cuenta la época del año y el clima. Es evidente que las plantas no se pueden regar de la misma manera en invierno que en verano, o en Santander que en Almería. La época del año y el régimen de lluvias son variables que se deben contemplar. Conviene hacer ensayos de reducción de riego: las plantas pueden tolerar periodos más o menos largos sin ser regadas si se las va acostumbrando progresivamente. Contar con la ayuda de plantas testigo siempre es útil.

• Haz riegos profundos, pero espaciados. Es mejor regar a fondo para que las raíces se extiendan hacia abajo buscando la humedad que guardan las capas de suelo más profundas, y las plantas sean capaces así de soportar mejor la sequía. Si el riego se hace de forma ligera y con mayor frecuencia, las raíces tenderán a quedarse más cerca de la superficie y estarán más expuestas a la falta de agua.

• Instala un sistema de riego por goteo. Son los más eficaces y eficientes para el consumo de agua, ya que riegan solo en la zona radicular. No compactan tanto el suelo como la aspersión, ni mojan el follaje, lo cual puede resultar muy pernicioso para muchas plantas mediterráneas. Se puede usar microaspersión y goteo, o goteo enterrado o por exudación. Resulta muy eficaz instalar un sensor de lluvia en el sistema de riego automático para ahorrar agua.

• Riega según las características del suelo. Si el suelo es arenoso la capacidad de retención de agua será menor, de modo que los riegos habrán de ser más frecuentes y abundantes. En cambio, si son arcillosos deberán ser menos generosos y mucho más espaciados.

• Crea alcorques. Excavar una pequeña hondonada en torno al tronco de arbustos y árboles permitirá aprovechar mejor el agua.

• Utiliza el agua de lluvia. Es la más conveniente para las plantas, ya que está libre de cal y cloro. Se puede recoger en aljibes y cisternas como antiguamente.

• Crea pantallas que atajen el viento. El viento ejerce un gran poder desecante, ya que contribuye a la evaporación. “El viento con 45º de temperatura actúa como un secador”, señala Fernando Martos. Su acción se puede limitar mediante pantallas vegetales o artificiales y muros.

Aporta compost de forma regular. Al mejorar la estructura del suelo, el abono orgánico compostado —mantillo, humus de lombriz, estiércol de caballo, compost vegetal— facilita la circulación del agua, que sube por capilaridad desde las reservas más profundas.

• Acolcha la base de las plantas. El mulching limita la evaporación y favorece un mayor aprovechamiento del agua de riego (se calcula un ahorro de hasta el 40%). Al mismo tiempo evita que el suelo se compacte y frena el crecimiento de las malas hierbas. Se puede acolchar con grava o corteza de pino que, al ser orgánica, se descompone poco a poco y abona la tierra.

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